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Florencia

Por Lourdes Alcocer
Visitar la región de la Toscana, en el centro de Italia, es experimentar el famoso síndrome de Stendhal, el escritor que, al pararse frente a la magnificencia del arte florentino, perdió el sentido pues la emoción venció todos sus sentidos y se enfermó por una sobredosis de belleza.

La ciudad de los Medici seduce por su gran riqueza artística, histórica, cultural y gastronómica. Aquí, el paisaje de grandes cadenas montañosas anuncia las enormes sorpresas que esperan al visitante quien, en algunos casos, después de una breve estancia, deseará no irse; y no es difícil pensar así ante un entorno tan majestuoso en todos los aspectos.

Si es un apasionado del arte, Florencia es una de las ciudades europeas que poseen más obras renacentistas; su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1982. En esta ciudad se avecindaron grandes artistas y sabios: Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Dante, Maquiavelo y Galileo y también una de las familias de gobernantes más reconocida: los Medici. Aquí fue donde se originó, en la segunda mitad del siglo XIV, el movimiento artístico denominado Renacimiento, por ello Florencia es considerada una de las cunas mundiales del arte y de la arquitectura.

Siempre ha sido un motivo de asombro pensar que una ciudad tan pequeña haya podido producir tanta cultura e influenciado al mundo occidental, en cuyo recorrido también saltarán a la vista las obras de Da Vinci, Botticelli y Tiziano. La mejor manera de entenderlo es estar ahí, entre sus calles empedradas, sus edificios-palacio, museos, plazas y puentes viejos, disfrutando de sus aromas, jardines, su particular gastronomía y de los espacios culturales.

 Algunos sitios recomendados

Ponte Vecchio. Es el más antiguo de Florencia y el más célebre de Italia. Su diseño se atribuye al arquitecto Taddeo Gaddi (1300-1366), aunque se sabe que la base del puente existía desde antes del año 1000 d. C. Sobre él construyeron pórticos y arcos que permiten disfrutar el magnífico panorama de la ciudad, las colinas, pero, en especial, el conjunto compuesto por la emblemática basílica gótica de san Miniato al Monte y por el Fuerte de Belvedere.

Piazza della Signoria. El deleite de esta plaza es recorrer el conjunto escultórico integrado por la reproducción del David de Miguel Ángel, las esculturas en mármol de Hércules y Caco, Judith y Holofernes, El rapto de las sabinas, Perseo ostentando la imponente cabeza de Medusa o la fuente de Neptuno.

Plaza de la República. Caminando hacia allí encontrará un sinnúmero de cafecitos donde sentarse a contemplar el movimiento de la ciudad y planear su recorrido.

Mercado Nuovo. Después se puede hacer una escala aquí y pararse frente a la escultura del jabalí –la  tradición dicta que hay que frotarle la nariz si se quiere regresar…

Basílica Santa María del Fiore. Un edificio que es el paso del gótico al Renacimiento temprano, que sorprende por la perfección del domo, una proeza de Brunelleschi.

El Baptisterio o la basílica de san Giovanni. La perfección del edificio hace que sea difícil posar la vista en un solo lado. Recórralo con calma y dele tiempo a sus sentidos de revisar cuidadosamente “Las puertas del Paraíso”; en una de ellas, se narra,  sobre una serie de paneles con esculturas, la vida de san Juan Bautista.

Iglesia de la Santa Cruz. La importancia de este lugar reside no sólo en sus obras de arte sacro, sino porque es aquí donde se encuentra el sepulcro de Dante Alighieri y de Miguel Ángel.

Scuola del Cuoio (Escuela del Cuero).  Lo que anteriormente fue el monasterio de la Santa Cruz  sirve ahora como escuela para los artesanos que trabajan el cuero, quienes utilizan como talleres las antiguas celdas de los franciscanos. El origen de esta escuela, en la década de los treinta del siglo pasado, fue para dar trabajo a los huérfanos de la guerra.

Lorenzo Villoresi. La curiosidad de este creador de aromas se despertó durante un viaje a Medio Oriente, en 1981, aunque no fue sino hasta 1990 que fundó su marca “Lorenzo Villoresi”. Si de fragancias delicadas se trata, es indispensable visitar su tienda, cuyas creaciones son disfrutadas por gente sofisticada que viene desde muy lejos; las fragancias clásicas Uomo y Donna son muy apreciadas. El local está sobre la Via de’ Bardi y tiene una vista espectacular de la Catedral.

Mercado Central San Lorenzo. Diseñado en 1869 por Giuseppe Mengoni y construido en hierro fundido y vidrio y con techos muy altos, en este mercado se puede encontrar una gran variedad de productos de la región, como frutas, verduras, quesos, vinagres balsámicos, aceites de oliva, aceitunas, pan, tomates secos y trufas.

Un capítulo culinario aparte: Cibrèo

Este lugar es para iniciados y debiera de ser una escala obligada para los gourmets. Fundado en 1979 y dirigido por el chef Fabio Picchi y su esposa, la actriz Maria Cassi, ha cautivado a sus visitantes con su elegancia y original propuesta. Fabio Picchi lo lleva adelante basado en los ideales de su amigo Carlo Petrini, iniciador del movimiento slow food, que resumido sería: “La sociedad se beneficia si observas lo que comes: come únicamente lo que se produce localmente y en condiciones éticas y el beneficio será no sólo bienestar personal sino en una mejor salud para el planeta”.
Fabio Picchi da un fuerte impulso  a esta idea, por ello el menú del Cibrèo cambia según las estaciones del año al usar exclusivamente ingredientes frescos de la región; aquí los únicos jitomates que se usan son los de la Toscana, y puede incluir platos hechos con base en carne, quesos, aceite de oliva, pasta, limones, mandarina y trufas, entre otros productos, siempre bajo el mismo principio: cocinar sólo con productos frescos de la región. Uno de los platos emblemáticos es el passato di peperoni gialli, o sea, una sopa hecha de pimientos amarillos.

Il Teatro del Sale

Enfrente del Cibrèo, del otro lado de la calle, se encuentra este restaurante-teatro, que abrió sus puertas en el 2002 y que también es administrado por Fabio Picchi y su esposa Maria Cassi; ella suele presentar aquí sus performances cómicos que hacen reír incluso a quien no habla italiano. El lugar, obviamente, comparte los valores culinarios del Cibrèo: la auténtica nutrición proviene de la manera en que se prepara la comida. Contrasta su atmósfera informal con las
elegantes mesas del Cibrèo; aquí la gente comparte una larga mesa con otros, situación que, de inmediato, lleva a romper el hielo y a entablar conversación con desconocidos mientras se degustan las viandas y se observa alguna representación de Cassi. Aquí no hay menú; es la voz de Picchi quien informa sobre los platos del día. Pasarla bien es lo que cuenta en este lugar.

Las trufas de los Savini

Una visita a la Toscana no está completa si no se visita Savini Tartufi. Si algo llama la atención al llegar a esta tienda, en la pequeña ciudad de Forcoli, es la sensación familiar que ahí prevalece; si se tiene suerte, uno podrá encontrarse con toda la familia Savini mientras escoge sus trufas y disfrutar de su amable atención. Los conocedores de Italia, Francia y otros países llegan hasta ahí cual peregrinos, esperando encontrar esos tesoros tan cotizados por todo buen gourmet. Desde hace cuatro generaciones, los Savini se dedican a la noble recolección de trufas, uno de los ingredientes más apreciados por los paladares exigentes. Fue en los años veinte cuando Giuseppe Savini inició esta tradición. Esta empresa familiar se especializa desde entonces en los productos más exquisitos basados en la trufa, que normalmente se hacen bajo pedido con el fin de preservar la frescura del producto; los diseños de los empaques se caracterizan por ser elegantes y atractivos.

Algunas variedades de trufas muy apreciadas de Savini Tartufi son: tartufo bianco pregiato, tartufo nero pregiato y tartufo scorzone o nero d’estatee.

Antiguamente se utilizaban cerdos para encontrar las trufas (lo agudo de su olfato les permitía rastrear el aroma del hongo bajo tierra), aunque en la actualidad es más común emplear perros rastreadores pues los cerdos se las comían si no traían bozal. El año 2007 fue un año de mucha satisfacción para Savini Tartufi: en la colina de Palaia, a finales de noviembre y gracias al perro Rocco, descubrieron la trufa blanca gigante que tuvo un peso récord de 1.497 kg –se encuentra registrado en el  libro Guinness– y  que se vendió al precio más alto que se ha vendido alguna: 300 mil dólares.

Hotel Four Seasons, Florencia

Y si algo impresiona en Florencia es la visión del Hotel Four Seasons, toda una opción de lujo para quedarse. Ocupa dos edificios protegidos por su valor histórico y cultural: el Palazzo della
Gherardesca (del siglo  xv, construido por Bartolomeo Scala) y el Conventino (un palacio del siglo xvi que sirvió de convento),
situado a un costado del centro histórico.

El hotel cuenta con 116 habitaciones y suites, adornadas con auténticas obras de arte del siglo xv al xix en su contexto original: frescos, bajo relieves, estucos y tapices de seda que han sido cuidadosamente restaurados. Su restaurante, el Palagio, es una excelente introducción a la comida de la Toscana. Aquí se cuidan todos los detalles: los artículos de la habitación son provistos por  el artista del perfume, el florentino Lorenzo Villoresi; en ese momento uno comprende por qué Florencia es una gran familia. En este hotel prevalece el calor de los hogares toscanos.

Un spa de fantasía

El edificio elegante del spa del hotel fue diseñado por Pierre Yves Rochon.  Está situado en el Giardino della Gherardesca, una de las más hermosas y desconocidas áreas verdes que uno puede ver en Florencia, a la orilla del Río Arno. Se trata de un jardín botánico de 4.5 hectáreas de extensión que bien amerita recorrerlo; es todo un marco de tranquilidad y paz antes de entrar al spa.

Los tratamientos

En el nivel superior del edificio principal del spa hay nueve habitaciones para tratamiento, cuyos pisos y paredes están cubiertos de mosaicos de cristal. Es reconocido por sus terapéuticas efectivas basadas en fórmulas hechas de hierbas para atender un rango amplio de problemas de belleza y de la salud. Un aspecto que alegra es que aquí se usan estos ingredientes naturales en lugar de los típicos productos químicos; por ejemplo, el de la casa tiene como sustancia principal un aceite de oliva muy fino de la Toscana.

Y volviendo a la relación tan familiar que prevalece entre las distintas empresas de Florencia, el spa trabaja en conjunto con la Officina Profumo-Farmaceutica di Santa Maria Novella, una de las farmacias más antiguas del mundo (su origen se remonta al siglo XIII, aunque oficialmente fue fundada en 1612).

Es de reconocer el profesionalismo con que labora el selecto equipo de sus aromaterapeutas y herbolarios: restauran con éxito la salud y la belleza perdidas de los visitantes.

No hay mejor manera de decirlo: visite Florencia, todos sus sentidos se lo agradecerán.

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